hiciste creer que debía darte las gracias por dejarme trabajar.
Teresa respiró profundamente.
—Me llamaste inútil. Me quitaste comida de la mesa. Me hiciste cargar ladrillos con fiebre. Pero nunca pudiste quitarme la única cosa que de verdad me importaba.
Miró a Santiago.
—Mi hijo tuvo la oportunidad que yo quería darle.
Después volvió a mirar a Evaristo.
—La diferencia