se llevó una mano a la boca.
Ella tampoco sabía que existían esas grabaciones.
Evaristo perdió el color.
Los vecinos comenzaron a murmurar.
Y después alguien gritó:
—¡Ratero!
Otro respondió:
—¡Nos robaste años!
La rabia acumulada durante décadas explotó en el patio.
Los agentes tuvieron que evitar que varias personas se acercaran demasiado.
Antes de que se llevaran a Evaristo, Teresa caminó hacia él.
Santiago intentó detenerla, pero ella levantó una mano.
Ya no parecía aquella mujer encorvada de la ladrillera.
—Mírame bien, Evaristo.
Él guardó silencio.
—Durante años me