Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

ella.

Yo llevaba 3 años viudo y 3 años dejando prendida la lámpara del corredor. Mi esposa, Elena, decía que una casa con luz parecía decirle al caminante que todavía había alguien despierto. Desde que ella murió, yo ya ni sabía para quién la encendía.

—¿De quién viene huyendo? —pregunté.

La mujer apretó la cuerda del burro.

—De mi marido.

Se llamaba Rosalba. Tenía el vestido lleno de polvo, el cabello pegado a la frente y una bolsa de cuero cruzada contra el pecho como si ahí llevara lo único