Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

miró como solía mirar a la gente: esperando que se encogiera.

No lo hizo.

Contó su historia con una voz que al principio le tembló y luego se afirmó. Habló de Petronila. Habló de sí misma. Habló del miedo de vivir en una casa donde el peligro dormía en la misma cama. Cuando terminó, no buscó mi mirada para pedir permiso ni aprobación. Solo respiró.

Meses después, Nemesio recibió una condena larga por el homicidio de Petronila y por otros delitos acreditados durante la investigación.

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