Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

junto a la tumba de su madre. Rosalba llevó flores del corredor de mi casa: las mismas enredaderas que Elena había plantado años antes.

La vida no se arregló de golpe.

Rosalba siguió despertándose algunas noches sobresaltada. Yo seguí hablando con Elena en silencio cuando pasaba frente a su retrato. Nadie reemplazó a nadie. Lo que hicimos fue aprender a vivir sin pedirle al pasado que desapareciera.

La quesería dejó de ser un escondite y se convirtió en una chamba de verdad. Los quesos de Rosalba empezaron a venderse en