junto a la tumba de su madre. Rosalba llevó flores del corredor de mi casa: las mismas enredaderas que Elena había plantado años antes.
La vida no se arregló de golpe.
Rosalba siguió despertándose algunas noches sobresaltada. Yo seguí hablando con Elena en silencio cuando pasaba frente a su retrato. Nadie reemplazó a nadie. Lo que hicimos fue aprender a vivir sin pedirle al pasado que desapareciera.
La quesería dejó de ser un escondite y se convirtió en una chamba de verdad. Los quesos de Rosalba empezaron a venderse en