Una mujer llegó de noche a un rancho aislado con un burro cargado de sus cosas y rogó a un viudo que la dejara dormir en el corredor porque huía de su marido. Mientras tomaba café bajo la única lámpara encendida del valle,

encendió la lámpara del corredor y Centella se echó debajo de la banca.

Yo me quedé mirando la luz sobre el camino por donde ella había llegado con su burro, cansada, cubierta de polvo y pidiendo nada más un pedazo de techo.

Durante 3 años creí que aquella lámpara iluminaba una ausencia.

Rosalba me enseñó que también podía iluminar una salida.

Y desde entonces, cada noche antes de dormir, uno de los 2 la enciende. No para esperar milagros ni para olvidar lo que pasó, sino para recordar que una