así. Era ruidoso, divertido, lleno de energía. Nada que ver con el hombre que apenas me dirigía la palabra durante el desayuno.
Apareció papá.
De repente, las imágenes se detuvieron.
La pantalla se quedó en negro.
Unos segundos después, apareció papá.
No era el joven músico al que acababa de ver, sino el hombre al que había enterrado esa misma mañana.
Papá bajó la mirada hacia sus manos.
Estaba sentado en el mismo estudio en el que yo me encontraba ahora. Tenía la cara demacrada y el cáncer le había