la necesitaba. No respondí.
Una semana después de la entrega, exactamente a las 2:17 de la tarde del jueves, estaba de pie en la cocina. El florero estaba guardado; la tarjeta permanecía en mi cajón, quizás como prueba o castigo. Leí su nota a Laura de nuevo. Antes me había hecho sentir reemplazada. Ahora la veía como evidencia de la elección de Daniel, no de la superioridad de Laura ni de mi fracaso. Su aventura hablaba de él, no de mi valor.
Guardé la tarjeta y llamé. —Hola.
—¿Puedes