precisamente lo preocupante.
Aquella tarde, Elena acudió al despacho de Ricardo en el centro de Querétaro.
Sobre la mesa había contratos, estados financieros y copias de autorizaciones.
Gabriel estaba intentando obtener un crédito millonario utilizando activos vinculados al fideicomiso.
La empresa tenía problemas de liquidez.
Peor aún, algunas transferencias importantes habían terminado en una consultora registrada a nombre de Vanessa.
—Necesitamos investigar antes de acusar a nadie —advirtió Ricardo—. Y debe prepararse para una reacción difícil.
Elena pensó en Lucía.
—Estoy preparada.
Pero no lo estaba para lo que ocurrió