después.
Cuando regresó a casa, encontró a Gabriel esperando en la sala.
Tenía su teléfono en la mano.
—¿Fuiste a ver a Mendoza?
—Sí.
—¿Estás investigando mis negocios?
—Estoy revisando documentos que llevan mi nombre.
Gabriel golpeó la mesa.
—¡No tienes idea de cómo funciona una empresa!
—Entonces explícame por qué aparece mi firma en contratos que nunca vi.
El rostro de Gabriel cambió.
Durante un segundo pareció asustado.
Después recuperó su arrogancia.
—Si intentas perjudicarme, vas a destruir el patrimonio de nuestra hija.
Elena sintió un escalofrío.
—No utilices