con profesionales independientes para proteger los empleos de cientos de trabajadores.
No quería destruir la empresa.
Su padre había ayudado a construirla.
Y muchas familias de Querétaro dependían de ella.
Mientras tanto, Lucía asistía a terapia infantil.
Al principio apenas hablaba de aquel Día del Padre.
Después comenzó a dibujar.
Dibujaba puertas, ventanas, animales pequeños y casas con jardines.
Una tarde, su terapeuta le preguntó:
—¿Por qué todas tus casas tienen las puertas abiertas?
Lucía respondió:
—Porque quiero que nadie tenga miedo de entrar.
Elena lloró cuando escuchó aquello.
Pero