hacerlo con hechos.
El siguiente Día del Padre, Lucía estaba sentada en el jardín de su nueva casa, pintando una pequeña caja de madera.
Elena salió con dos vasos de agua de jamaica.
—¿Para quién es?
Lucía sonrió.
—Para mí.
Dentro guardó el osito reparado, una fotografía de su abuelo Arturo y una carta que había escrito durante sus sesiones de terapia.
Elena se sentó a su lado.
—¿Qué dice tu carta?
Lucía la abrió y comenzó a leer:
—“Querida Lucía: no hiciste nada malo por querer darle un regalo