medios posibles.
Pero Vanessa había desaparecido sin dejar rastro.
Y entonces, por primera vez en seis meses, pensé en Margaret.
Pensé en nuestra casa, en su voz tranquila, en las cenas que preparaba y en la manera en que siempre me preguntaba si había tenido un buen día.
Recordé todas las veces que había llegado tarde y ella me había esperado despierta.
Recordé cómo me había tomado de la mano cuando mi padre murió.
Recordé cómo había trabajado horas extras cuando yo perdí mi empleo durante la crisis económica.
Y