a favor de mi madre y mío.
—Quería asegurarme de que ninguna de las dos volviera a tener miedo de perder su hogar.
Caí de rodillas a su lado.
—Abuelo, ¿por qué no me lo dijiste sin más?
Se secó las lágrimas.
—Tenía miedo de que tu madre me lo impidiera, porque todavía se siente culpable por todo lo que
sacrificamos. Y también tenía miedo de no encontrar el valor para hacerlo cuando te viera llorar.
Lo abracé.
Por primera vez aquella noche, ya no sentía miedo.
Me destrozaba el