impresión de que Elena no me miraba desde hacía años.
Cuando estaba con Camila, olvidaba que tenía cincuenta y tres años.
Olvidaba las canas.
La barriga que se había vuelto cada vez más prominente.
El cansancio acumulado tras tantos años de trabajo.
A sus ojos yo era un hombre atractivo, fuerte y realizado.
Y yo había llegado a necesitar esa admiración.
Me gustaba sentirme importante.
Sentirme deseado.
Creer que la vida me ofrecía una nueva oportunidad.
Durante seis meses le mentí a Elena.
Le decía que tenía que quedarme hasta