Dejé a mi esposa por unakara mujer de 29 años, y descubrí a qué había renunciado

impresión de que Elena no me miraba desde hacía años.

Cuando estaba con Camila, olvidaba que tenía cincuenta y tres años.

Olvidaba las canas.

La barriga que se había vuelto cada vez más prominente.

El cansancio acumulado tras tantos años de trabajo.

A sus ojos yo era un hombre atractivo, fuerte y realizado.

Y yo había llegado a necesitar esa admiración.

Me gustaba sentirme importante.

Sentirme deseado.

Creer que la vida me ofrecía una nueva oportunidad.

Durante seis meses le mentí a Elena.

Le decía que tenía que quedarme hasta