Mi hijastro gritó que nunca fui su madre, pero lo que encontré detrás de su armario me dejó sin palabras – Habemus Asado

y bizcochos.

Dos años después, la deuda casi desapareció. La carpeta azul sigue guardada en mi mesita de noche, con la nota de Ernesto dentro.

A veces pienso que el cariño no siempre llega con palabras dulces. Hay hijos que lo dicen a gritos porque no saben decirlo de otra forma, y hay madres que solo necesitan una carpeta detrás de un armario para recordar que nunca estuvieron solas.