En el otoño de 1873, un fotógrafo ambulante llegó a una posada solitaria entre los acantilados rojizos del valle de Blackthorn, en el territorio de Utah.
Se llamaba Samuel Whitmore y llevaba horas viajando bajo un viento frío que levantaba polvo sobre el camino.
Tenía hambre, estaba agotado y solo quería encontrar un lugar donde descansar hasta la mañana siguiente.
Desde una ventana iluminada llegaba el olor a pan recién horneado.
Aquella casa parecía ofrecer exactamente lo que necesitaba.
Pero Samuel no sabía que muchos de los viajeros que habían