la familia nadie volvió a mencionar su nombre.
Margaret comprendió que su obediencia era lo único que parecía mantenerla con vida.
Cada mañana cocinaba para la familia.
Limpiaba las habitaciones.
Recibía a los viajeros.
Y se esforzaba por mantener una expresión amable incluso cuando el miedo le cerraba la garganta.
En ocasiones imaginaba escapar de la propiedad.
Pensaba en abandonar aquella casa y no volver a escuchar los sonidos que llegaban desde detrás del granero.
Pero tenía hijos.
Y Gideon había utilizado precisamente ese vínculo para impedir que se marchara.