durante una tormenta tan violenta que los cristales de la casa temblaron durante horas.
Aquella circunstancia había adquirido un significado particular dentro de las creencias familiares.
Según la tradición transmitida por Abraham, cada generación producía un niño destinado a convertirse en el Portavoz.
Era una función indispensable para los rituales del pozo.
Solo el Portavoz podía pronunciar el nombre completo de una víctima ante un mecanismo de madera situado sobre la cocina.
Según la familia, al hacerlo despertaba a la Boca.
Y la enorme losa negra que cubría la abertura