primera vez, algunos sirvientes pensaron que se trataba de la madera vieja.
La segunda noche atribuyeron el ruido al viento.
Margaret también intentó convencerse de que existía una explicación sencilla.
Pero Gideon no parecía compartir aquella tranquilidad.
Cada vez que escuchaba los golpes se quedaba inmóvil.
Observaba las tablas.
Después miraba hacia el exterior, en dirección al granero.
La séptima noche, los golpes cambiaron.
Se transformaron en un sonido semejante al de uñas arañando una superficie de madera.
Los sirvientes comenzaron a evitar la cocina después de anochecer.
La décima