pensado que detener los sacrificios de inocentes requería enfrentar la deuda familiar.
Ahora su hermano intentaba advertirle que el siguiente paso podía ser un error irreparable.
La casa volvió a temblar.
La taza continuaba vibrando sobre la mesa.
El viento golpeaba los muros.
Y desde debajo del suelo llegaba la respiración desesperada de una persona que todos habían dado por
desaparecida.
Gideon parecía incapaz de recuperar su autoridad.
Margaret observaba a sus hijos, aterrorizada ante la posibilidad de perderlos.
Rose retiró ligeramente los dedos del mecanismo, pero no llegó a