las entidades subterráneas habían preparado el lugar para recibirlos.
Y decidió que su comunidad debía obedecer las supuestas exigencias del pozo.
Cuatro años más tarde, la familia ya recibía viajeros
en una posada.
El establecimiento ofrecía comida caliente y habitaciones donde descansar.
Para quienes llegaban después de una larga jornada, parecía una parada segura.
Pero los huéspedes que viajaban solos corrían un peligro que desconocían.
Algunos recibían café preparado con una mezcla que provocaba un sueño profundo.
Mientras dormían, los hombres de la familia decidían quién sería llevado al pozo.