a construirla.
Eso la sorprendió.
—No estoy diciendo que esto sea culpa tuya.
—Yo disfrutaba sentir que resolvía todo.
—Me hacía sentir útil.
—Importante.
—Necesario.
Laura bajó la mirada hacia la carpeta.
—Entonces ¿por qué nunca me dijiste nada?
Esa era la pregunta difícil.
—Porque incluso cuando intentaba darte independencia, quería ser yo quien te la entregara.
Me miró.
—Eso no tiene sentido.
—Sí tiene.
—Si eres suficientemente controlador.
Por un segundo casi sonrió.
—Planeaste dejar de controlarme… controlando todo el proceso.
—Sí.
—Daniel, eso es ridículo.
—Muchísimo.
Se sentó