silencio.
Luego dijo:
—De verdad pensé que estabas preparándote para abandonarme.
—No.
Se secó una lágrima.
—Y fui yo quien te abandonó primero.
—Sí.
No intenté decirle que no importaba.
Porque sí importaba.
SU PRIMERA LLAMADA
Laura no regresó a casa.
Tampoco se lo pedí.
Se llevó la carpeta.
Tres días después recibí un mensaje.
“Llamé a Patricia.”
Sonreí sin querer.
“¿Cómo te fue?”
Respondió:
“Lloré veinte minutos dentro del coche.”
“¿Llorar bien o llorar mal?”
“Llorar de señora que descubre que tiene que volver a aprender programas.”
Después llegó