duplicar mis viajes.
Otra me hizo pasar por cuatro entrevistas antes de contratar internamente.
Por primera vez en quince años no sabía cómo sería mi vida profesional seis meses después.
Y aquello me permitió comprender mejor a Laura.
Su miedo no había comenzado el jueves en que perdí mi empleo.
Llevaba años creciendo.
Cada ascenso mío hacía nuestra vida más cómoda.
Y al mismo tiempo hacía menos urgente que ella recuperara una vida profesional propia.
Yo solucionaba problemas.
Ella dejaba de necesitar aprender a solucionarlos.
Ambos aceptamos el intercambio.
Hasta