arrastrado por la narrativa familiar que me había condicionado durante años.
Necesitaba a alguien que escuchara la secuencia real de los hechos.
El apartamento.
La exigencia.
La razón que dio papá.
Mi negativa.
La agresión.
La grabación.
El patrón financiero inexplicable que, hasta el momento, no era más que eso: un patrón financiero inexplicable.
En ese orden.
Sin exageraciones.
Sin omitir pasos.
Sin acusaciones disfrazadas de certezas.
La lluvia seguía colándose bajo el alero del porche, humedeciendo