PARTE 1
El médico que iba a decirle a Lucía si estaba embarazada era el mismo hombre al que había echado de su casa 32 días antes. Y lo peor no fue encontrarlo al otro lado de la mesa, sino descubrir que seguía queriendo correr hacia sus brazos.
Lucía Delgado, de 31 años, había pedido cita en una clínica privada de Málaga porque llevaba casi 3 semanas de retraso. En recepción le explicaron que su ginecóloga habitual estaba enferma y que otro especialista la atendería. Ya había pagado 135 euros