Zara percibió el gesto de reojo y le dedicó un leve asentimiento de aprobación, en señal de reconocimiento silencioso. Fue una transformación sutil, pero significó la ruptura de una coraza impenetrable que había protegido a Richard durante décadas.
Alrededor de la quinta hora, las luces de la cabina se atenuaron para que los viajeros pudieran descansar antes de la llegada a Londres por la tarde. Zara reclinó ligeramente su asiento y cerró los ojos, respirando con calma, mientras Richard permanecía despierto, absorto en sus pensamientos.
Reflexionó sobre la reunión que