error, sobre todo delante de toda la cabina».
Richard sintió un alivio inmenso, una liberación emocional que no había experimentado en muchos años de estrés. Extendió la mano sobre el reposabrazos, no como un titán poderoso, sino como un igual que busca una reconciliación sincera.
Zara le estrechó la mano con firmeza, sellando así un puente entre dos mundos que habían chocado violentamente aquella mañana. El hombre de negocios, sentado al otro lado del pasillo, observó el apretón de manos, sonriendo para sí mismo antes de cerrar su maletín con