final.
Daniel levantó las manos.
—En mi defensa, algunos cuentos son demasiado largos.
La mesa volvió a llenarse de risas.
Valeria sintió algo extraño.
Comodidad.
Como si llevara allí mucho más de una hora.
Cuando llegó el pastel, Sofía insistió en compartir su rebanada con ella.
—Esta parte tiene más chocolate.
—Puedes quedártela.
—No. Las amigas comparten.
Valeria aceptó.
Mientras comían, Sofía dejó la cuchara sobre el plato.
—¿Ya no estás triste?
Valeria la miró.
—No. Ahora estoy mucho mejor.
Sofía asintió, satisfecha.
Pasaron unos segundos.
Entonces preguntó:
—¿Tienes hijos?