vez, aquella cita fallida ya no parecía lo más importante que había ocurrido.
El sábado llegó a casa de Daniel poco después de las diez.
Sofía abrió la puerta antes que él.
—¡Viniste!
—Te dije que vendría.
—Los adultos a veces dicen cosas y luego no vienen.
La frase hizo que Valeria se quedara quieta.
Daniel apareció detrás.
—Estamos trabajando en eso.
Valeria entró.
La casa era sencilla, cómoda, llena de señales de una vida familiar real.
Había dibujos pegados en el refrigerador, juguetes debajo de una mesa y una