¿Que había visto una fotografía y ahora quería conocer a dos niños que quizá llevaban mi sangre?
Antes de que pudiera decidirme, escuché una voz infantil desde el interior.
—¡Mamá! ¡Alguien está en la puerta!
Después, unos pasos.
La cerradura giró.
Y allí estaba ella.
Savannah.
Llevaba un jersey claro, pantalones oscuros y el cabello recogido de cualquier manera. Parecía cansada, pero sus ojos conservaban aquella intensidad que yo había amado desde nuestro primer encuentro.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.
Su mirada descendió hasta mi mano, donde