Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

ático lo compró mi sociedad.

Elena cerró la carpeta.

—Tu sociedad lo ha usado. Nunca lo compró.

—Yo pagué la reforma.

—Con una cuenta de gastos que yo autoricé hace 7 años, cuando todavía creía que estábamos construyendo una casa.

Adrián miró a Gabriel.

—¿Qué clase de montaje es este?

—Uno que se llama registro de la propiedad.

Alrededor, varias conversaciones se apagaron. Nadie formó un círculo, pero mucha gente escuchaba.

Adrián bajó la voz.

—Elena, vámonos.

—No.

Aquella palabra alteró su expresión. Durante años, Elena había cedido horarios, cenas,