Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

viajes, amistades y hasta la manera de presentarse para no complicar la carrera de su marido. Adrián había confundido esa elección con debilidad.

Clara dio un paso atrás.

—Me dijiste que ella no tenía nada que ver con este mundo.

—Eso también me lo dijo a mí —respondió Elena.

Clara apretó los labios.

—Y me dijiste que el ático era tuyo. Que el divorcio estaba acordado.

Elena la miró de frente.

—Me pidió el divorcio hace menos de 3 horas.

Clara soltó el brazo de Adrián.

La escena dejó de