declaró ante los abogados y perdió su puesto. Durante meses casi nadie quiso contratarla.
Adrián sabía que aquella etapa había sido difícil, pero ella nunca le contó toda la verdad. Al principio por dolor. Después porque él repetía que, para ayudarlo a crecer, necesitaba una esposa sin escándalos ni enemigos.
Gabriel jamás olvidó lo que Elena había hecho.
—Intenté pagarte —dijo.
—Me negué.
—También rechazaste trabajar conmigo.
—No quería deberte nada.
—Por eso creé algo que no fuera un favor.
La notaria colocó un documento sobre la mesa. Gabriel había