Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

declaró ante los abogados y perdió su puesto. Durante meses casi nadie quiso contratarla.

Adrián sabía que aquella etapa había sido difícil, pero ella nunca le contó toda la verdad. Al principio por dolor. Después porque él repetía que, para ayudarlo a crecer, necesitaba una esposa sin escándalos ni enemigos.

Gabriel jamás olvidó lo que Elena había hecho.

—Intenté pagarte —dijo.

—Me negué.

—También rechazaste trabajar conmigo.

—No quería deberte nada.

—Por eso creé algo que no fuera un favor.

La notaria colocó un documento sobre la mesa. Gabriel había