cuadros y aquella vida formaban parte de un proyecto común. Aquella noche descubrió que Adrián lo veía como un decorado del que podía retirarla cuando dejara de encajar.
—¿Vas a la Gala Áurea? —preguntó Elena.
—Claro.
Era el acontecimiento privado del invierno: empresarios del Ibex, familias de apellido antiguo, magistrados, propietarios de medios, presidentes de clubes y personas que jamás necesitaban levantar la voz para conseguir una llamada devuelta. Desde su boda, Elena había acudido siempre al lado de Adrián.
Ese año no había vestido preparado para ella. Tampoco coche