Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

cuadros y aquella vida formaban parte de un proyecto común. Aquella noche descubrió que Adrián lo veía como un decorado del que podía retirarla cuando dejara de encajar.

—¿Vas a la Gala Áurea? —preguntó Elena.

—Claro.

Era el acontecimiento privado del invierno: empresarios del Ibex, familias de apellido antiguo, magistrados, propietarios de medios, presidentes de clubes y personas que jamás necesitaban levantar la voz para conseguir una llamada devuelta. Desde su boda, Elena había acudido siempre al lado de Adrián.

Ese año no había vestido preparado para ella. Tampoco coche