Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

en el portal.

—¿Con quién vas?

Adrián la miró por fin.

—Con Clara Soria.

El nombre llevaba meses instalado en su matrimonio. Clara era la nueva directora de comunicación del grupo Montalvo, una mujer brillante, impecable y demasiado presente en cenas que supuestamente terminaban tarde por trabajo. Elena había reconocido su perfume en varias camisas. Había visto mensajes borrados. Había hecho preguntas. Adrián siempre respondía que estaba imaginando cosas.

Ya no fingía.

—Estoy cansado de mantener una fachada —dijo él—. Quiero el divorcio.

Elena sintió que se le cerraba la