Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

A las 22:03 regresaron al salón.

Gabriel habló brevemente de nuevos proyectos de vivienda, becas y atención a mayores. Después anunció la renovación del Consejo Áurea.

—Elena Valdés.

Hubo aplausos.

Elena caminó hasta el escenario. Adrián la observaba desde el fondo.

Gabriel le ofreció el micrófono.

—Hace 15 años aprendí que callar puede parecer prudencia cuando en realidad protege a quien ya tiene poder —dijo Elena—. No usaré este puesto para ajustar cuentas. Haré preguntas incómodas y votaré según los hechos, aunque el nombre de una carpeta me resulte