Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

gala?

Adrián no respondió.

—¿Mañana? ¿Con las maletas ya en el portal?

—Quería evitar una escena.

—Querías evitar testigos.

Gabriel cerró el dosier.

—Y ahora ya los tienes.

—¿Cuándo supiste esto? —preguntó Elena a Gabriel.

—Esta mañana.

—¿Y me invitaste hace 3 días?

—Porque tu sitio era tuyo antes de que supiéramos nada de Adrián.

Aquella respuesta le dolió más que cualquier insulto de su marido.

Durante años, Elena había creído que debía hacerse discreta para merecer un lugar. Gabriel había reservado uno sin pedirle que fuera esposa de nadie.