Mi abogada llegará a las 10:00.
Adrián dejó sus llaves sobre la consola. Por primera vez, fue él quien pareció no saber si tenía derecho a quedarse.
El amanecer empezaba a borrar el azul oscuro del cielo.
Adrián había querido expulsarla antes de que saliera el sol.
Pero cuando la primera luz entró por los ventanales, quien había desaparecido no era Elena.
Era la mujer que él había convencido de hacerse pequeña para caber en su vida.