Mientras mi marido se vestía para la gala más exclusiva de Madrid, me anunció que llevaría a otra mujer y que yo debía desaparecer de nuestro ático antes del amanecer. “Haz una maleta. Quiero que dejes el ático antes de las 6:00”. No lloré: saqué mi propio vestido y acepté una invitación secreta. 3 horas después, entré del brazo del único hombre que él jamás quiso tener en contra.

de la casa de su marido.

Eran las de su propia casa.

Colgó el vestido azul en el centro del armario y abrió las cortinas. Madrid seguía encendida.

La misma ciudad.

El mismo ático.

La misma mujer.

Pero nada era igual.

A las 5:52 oyó el ascensor.

Adrián entró despacio. Vio la carpeta, las llaves y a Elena junto a la ventana.

—Pensé que te habrías ido.

Ella lo miró sin rabia.

—Yo también lo pensé durante muchos años.

Elena señaló el pasillo.

—La habitación de invitados está preparada.