el pie, por favor?”
Se quitó un auricular.
Su muslo presionó con más fuerza contra el mío.
“Mido un metro noventa. ¿Dónde esperas que vayan mis piernas?”
“En el espacio por el que pagaste.”
Sonrió con picardía
“Si no estás usando el espacio, ¿cuál es el problema?”
“Lo estoy usando, Josh.”
Sacudió la cabeza y se volvió a poner los auriculares.
“Lo estoy usando, Josh.”
Al parecer, con eso quedó zanjado el asunto.
Intenté cruzar los tobillos, pero su zapato me lo impedía. Al juntar más los pies, me empezó