Esa noche, mientras sostenía a mi hijo de 7 meses y llevaba la comida que había preparado para Mauricio y sus amigos, escuché palabras que cambiaron la forma en que veía mi propio matrimonio.
Él decía que yo no había hecho nada con mi vida. Que tenía un título y no lo había aprovechado. Que me había quedado en casa, cuidando una familia que para él parecía no contar como esfuerzo.
Pero durante 31 años yo había estado ahí.
Fueron consultas médicas, uniformes, tareas, comidas, noches