una coincidencia.
«Aquella noche, tu padre me lo confesó todo.
Había atropellado a una mujer y había huido.
Tenía miedo de ir a la cárcel.
Tenía miedo de perder su trabajo, su casa y todo lo que poseía.
Pero lo que más temía era que se lo contaras a alguien.
Por eso decidió deshacerse de ti».
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por mis mejillas.
Pero la siguiente frase me dolió todavía más.
«Y yo permití que lo hiciera».
Me senté en el suelo.
En una mano sostenía la carta y