VOLVÍ DEL MERCADO Y ENCONTRÉ MI CASA CONVERTIDA EN HOTELKARA

primero, pero al final acepta.”** Esa frase me dolió de una manera distinta. Mi suegra no solamente había actuado sin permiso. Había construido una versión de mí en la que mi consentimiento podía darse por hecho porque cualquier negativa era simplemente “drama”.
A la mañana siguiente cambiamos las cerraduras y hablamos con el banco. Por fortuna, aquellas copias no bastaban para comprometer legalmente la propiedad. No había crédito aprobado ni garantía constituida. Pero sí existía una consulta iniciada por un asesor que había recibido los documentos. Dejamos constancia de que