Aquellas palabras parecían haberle dolido más que cualquier insulto.
A la mañana siguiente, Ricardo hizo varias llamadas.
Consiguió una entrevista de trabajo para Mariana en una pequeña empresa con la que colaboraba.
También contactó a una organización local que ayudaba a mujeres que habían perdido su vivienda.
Pero cuando Mariana se preparaba para marcharse, ocurrió algo inesperado.
Sofía apareció corriendo.
—¡Mariana!
La joven se agachó.
—¿Qué pasa?
Sofía la abrazó.
—¿Vas a volver?
Mariana miró a Ricardo.
—Si ustedes quieren.
Sofía respondió inmediatamente:
—Sí.
Ricardo sonrió.
—Entonces vuelve.
Los días