entendiendo que el duelo a veces necesita compañía silenciosa. Cada lunes preguntaba por Danny, su nieto, y disfrutaba de los dibujos de cohetes y extraterrestres que el niño enviaba.
Un despido cruel tras casi dos décadas de servicio
La mañana en que todo cambió, Julian, el hijo del señor Whitaker, entró a la mansión con la frialdad de alguien que pisaba un lugar ajeno. En dieciocho años, Marta apenas lo había visto un puñado de veces. El anciano solía esperar cada domingo junto al teléfono llamadas que casi nunca llegaban.