casa sin saber qué había ocurrido.
Pensé en las facturas sobre la mesa y en lo absurdo que resultaba preocuparse por dinero cuando ni siquiera sabía si aquel ascensor volvería a moverse.
Después de unos segundos, las luces de emergencia se encendieron.
Una iluminación débil reveló nuevamente las paredes metálicas.
Y a Vincent.
Estaba mucho más cerca de mí.
No había escuchado sus pasos.
Quizá había avanzado durante la oscuridad.
Quizá el brusco movimiento del ascensor lo había obligado a cambiar de posición.
No lo sabía.
Solo sabía que estaba