qué el ascensor se había detenido aquella noche.
Ni siquiera sabía si Vincent decía la verdad cuando prometía llevarme a un lugar seguro.
Solo comprendía que mi vida había cambiado desde el momento en que le aparté la mano.
Y ahora estaba encerrada en otro espacio con él, pero esta vez no había un botón de emergencia que pudiera pulsar.
Vincent volvió lentamente la cabeza hacia mí.
Sus ojos grises se clavaron en los míos.
Yo respiré hondo y me preparé para escuchar lo que tenía que decir.
Porque, aunque