que perdí el equilibrio.
Me agarré a la barandilla.
Las luces parpadearon.
El ascensor hizo un ruido metálico y se detuvo abruptamente entre dos pisos.
Sentí que el corazón se me disparaba.
Vincent miró hacia el panel.
Pulsó un botón.
Después otro.
Y otro más.
Nada sucedió.
La cabina permaneció inmóvil.
Vincent sacó su teléfono, observó la pantalla y lo levantó ligeramente, como si aquel movimiento pudiera ayudarlo a encontrar cobertura.
—Sin señal —murmuró.
Golpeó el panel con el puño.
El ruido resonó dentro del espacio cerrado y me hizo